Las precipitaciones intensas han dejado de ser eventos excepcionales para convertirse en una constante preocupante en nuestras ciudades. Este fenómeno, agudizado por el cambio climático y la expansión urbana, fuerza a los planificadores y constructores a reconsiderar la infraestructura hídrica convencional. En Argentina, la necesidad de una gestión del agua más resiliente es palpable, impulsando el interés hacia los nuevos sistemas de drenaje urbano que van más allá de la mera evacuación. Nos encontramos en un punto de inflexión donde la infraestructura gris tradicional, si bien esencial, se ve complementada y, en ocasiones, redefinida por soluciones de base natural y tecnologías avanzadas. Esta tendencia, aún en una fase exploratoria y de implementación piloto en muchas regiones del país, promete una transformación gradual pero profunda en la forma en que nuestras urbes interactúan con el ciclo del agua, buscando un equilibrio más armonioso y funcional.
La adopción de los Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS) representa la vanguardia en esta reorientación. No se trata de una solución única, sino de un conjunto de técnicas integradas que buscan imitar los procesos naturales de la cuenca hidrográfica. Esto incluye desde pavimentos permeables que permiten la infiltración del agua en el subsuelo, hasta parques inundables diseñados para retener temporalmente grandes volúmenes de agua, y la proliferación de jardines de lluvia y techos verdes que capturan y filtran el agua a nivel parcelario. Estudios recientes del CONICET y diversas universidades nacionales, enfocados en la Cuenca del Riachuelo y el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), han comenzado a cuantificar los beneficios no solo en la reducción de inundaciones, sino también en la mejora de la calidad del agua, el aumento de la biodiversidad urbana y la mitigación del efecto isla de calor.
Sin embargo, la implementación a gran escala de estas soluciones en el contexto argentino presenta desafíos significativos que requieren un enfoque cauteloso y metódico. La inversión inicial es considerable, y la integración de estas infraestructuras verdes exige una planificación intersectorial que trasciende las fronteras municipales y departamentales. La falta de un marco regulatorio unificado y la necesidad de capacitar a profesionales en diseño, construcción y mantenimiento de SUDS son barreras actuales. Proyecciones a largo plazo sugieren que, si bien el costo inicial es mayor que el de las soluciones convencionales, los SUDS pueden ofrecer un retorno de inversión superior al reducir los daños por inundaciones, los costos de depuración de agua y al generar valor ambiental y social. Casos como los proyectos piloto en Rosario y Córdoba, que exploran la aplicación de SUDS en sus planes urbanísticos, muestran el camino. La clave para su éxito futuro radica en la colaboración público-privada, la sensibilización ciudadana y un compromiso sostenido con la investigación y el desarrollo adaptado a nuestras realidades climáticas y geográficas.