Módulos que Marcan Pauta: Balance de Rentabilidad y Desafíos en Chile
Desde una perspectiva cualitativa, la adaptación regulatoria emerge como un cuello de botella. Los marcos normativos actuales, diseñados para la construcción tradicional, presentan fricciones en la certificación de módulos, inspecciones de calidad en fábrica y la integración de estas soluciones en planes urbanísticos existentes. Asimismo, la escasez de mano de obra especializada en diseño BIM y ensamblaje modular es una constante a nivel nacional, elevando los costos operativos por capacitación y retención de talento. En regiones como Antofagasta y Biobío, donde la demanda de soluciones rápidas es alta, esta brecha se siente con mayor intensidad. El valor percibido a largo plazo de las propiedades modulares es otro punto de debate empresarial. Aunque la durabilidad y resistencia sísmica han mejorado sustancialmente, la percepción del público y las instituciones financieras respecto a su valor de reventa aún no iguala al de las construcciones convencionales, impactando la bancabilidad de proyectos de mayor envergadura. El desafío radica en comunicar un valor intrínseco que vaya más allá de la velocidad de ejecución y que se traduzca en activos financieros robustos y atractivos para el inversor.
En un escenario de presiones inflacionarias y una constante necesidad de optimización de recursos en la economía chilena de 2025, la arquitectura modular se posiciona como una opción atractiva en teoría. Sin embargo, la brecha entre el potencial teórico y la ejecución rentable y escalable en el contexto chileno actual, marcado por una infraestructura logística aún en desarrollo y un mercado laboral en reconfiguración, exige una evaluación más sobria y estratégica. La promesa de eficiencia debe ser contrastada con la realidad de los costos ocultos y los riesgos operativos, para que el sector no termine construyendo sobre cimientos de optimismo sin respaldo financiero.
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