
31/08/2025 l Interiorismo
En cuanto a los materiales, la primacía de lo auténtico y táctil es innegociable. La madera, preferentemente en tonalidades claras o blanqueadas –como el roble europeo o el pino patagónico recuperado–, se erige como un pilar fundamental, manifestando su versatilidad en revestimientos, mobiliario y carpintería. Según datos del World Wood Council (2023), la demanda de maderas certificadas con acabados translúcidos ha crecido un 20% anual en la última década, evidenciando una inclinación global hacia la procedencia responsable. Las fibras naturales, tales como el lino, el algodón orgánico, el yute, el sisal y el mimbre, proveen texturas ricas y una permeabilidad visual esencial para ambientes aireados. Un estudio de Textile Market Insights (2024) documenta un incremento del 18% en la adopción de estos materiales para tapicería y cortinería en mercados europeos y norteamericanos. La piedra natural –travertino, caliza, o mármol en vetas suaves– y las cerámicas artesanales con imperfecciones deliberadas, refuerzan la conexión telúrica. Metales como el bronce y el cobre, con pátinas que simulan el paso del tiempo y la acción salina, añaden un contrapunto de refinamiento.
La retrospectiva geográfica subraya la diversidad dentro del canon costero. Desde la austeridad luminosa del diseño mediterráneo, con sus estucos blancos y baldosas de terracota, hasta la funcionalidad minimalista del estilo nórdico, que integra maderas claras y textiles de lana para enfrentar inviernos rigurosos. El Caribe, por su parte, apuesta por una exuberancia controlada con paletas más vivas y mobiliario resistente a la humedad. La costa australiana exhibe una predilección por la fusión interior-exterior, con grandes ventanales y maderas exóticas. En la Argentina, particularmente en la Costa Atlántica, la interpretación ha oscilado entre la robustez de la piedra Mar del Plata y la ligereza de las construcciones en madera, adaptándose a un clima que exige confort térmico y resistencia a la salinidad, pero siempre buscando esa impronta de calma y evasión que el horizonte ofrece.