
31/08/2025 l Tendencias
El arsenal tecnológico es clave: sensores IoT integrados en la estructura, plataformas de gestión energética que cruzan datos de la obra con modelos BIM (Building Information Modeling), y sistemas predictivos que ajustan consumos. Esto permite detectar desvíos, optimizar recursos y capacitar al personal de forma más efectiva. Por ejemplo, en varios proyectos residenciales en Córdoba y Neuquén, se han implementado programas piloto que muestran reducciones de hasta un 15% en el consumo energético global de la fase de construcción, un dato que antes era difícil de cuantificar con precisión.
Para usted, como futuro comprador o inversor, esto significa una garantía extra. No solo estará adquiriendo una propiedad ‘verde’ por declaración, sino una cuya eficiencia fue validada con números reales durante todo su proceso constructivo. Esto se traduce en facturas de servicios significativamente menores una vez que se mude, un mayor confort térmico sin depender tanto de la climatización artificial y, no menos importante, un valor de reventa superior en un mercado que valora cada vez más los activos energéticamente optimizados. Además, anticipa posibles regulaciones futuras, como las que ya se están discutiendo para CABA sobre etiquetado energético obligatorio en edificios nuevos.
Si bien la inversión inicial en tecnología de monitoreo puede ser un desafío, los estudios demuestran que el retorno es rápido, tanto por el ahorro directo en obra como por el valor añadido al producto final. Estamos presenciando una evolución donde la construcción se vuelve más inteligente, conectada y transparente, marcando el camino hacia un futuro donde cada metro cuadrado se construye con la eficiencia energética en mente, no como una opción, sino como una promesa cuantificable.