Ecos de Ladrillo y Madera: El Precio Silencioso de la Restauración Patrimonial
La cosa cambia, pero no siempre para mejor, si nos vamos más al sur, por ejemplo, a la zona de Chiloé con sus iglesias de madera patrimoniales. Aquí el desafío es otro. Si bien la madera es un material renovable, la disponibilidad de las especies nativas adecuadas es limitada, y su extracción debe ser super controlada para no dañar los ecosistemas. Esto lleva a veces a optar por maderas importadas, con su respectiva huella de carbono por transporte, o por el uso de maderas tratadas químicamente o incluso composites, que tienen un ciclo de vida y reciclaje muy distinto al de la madera natural. Es un tira y afloja constante entre la autenticidad, la durabilidad y la huella ecológica. ¿Estamos realmente restaurando con conciencia ambiental o solo transfiriendo el problema a otra fase del ciclo de vida del edificio?
La cualidad de una restauración, vista desde lo ambiental, va más allá de lo estético. Implica preguntarse si los nuevos componentes son duraderos, reparables y, al final de su vida útil, qué tan fácil será su reciclaje o descomposición. Lo interesante aquí es que, aunque salvaguardamos una pieza de nuestra historia, a veces lo hacemos con materiales que no son precisamente ‘amigables’ para el futuro. El impacto a largo plazo de estas decisiones, tanto en la demanda de recursos como en la generación de residuos, es un tema que como arquitectos y constructores en 2025, no podemos darnos el lujo de obviar. La conservación del patrimonio debe ser una conversación con el pasado, sí, pero también un compromiso con el futuro ambiental de Chile.
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