Diseño Acústico: Imperativo en Usos Mixtos
Para el 2025, no es suficiente con cumplir normativas mínimas; el mercado exige una propuesta de valor acústica proactiva. Estudios recientes de consultoras globales como Arup y WSP demuestran que el bienestar de los ocupantes y el retorno de la inversión están directamente correlacionados con la calidad acústica. La minimización de la intrusión sonora entre unidades habitacionales y áreas comerciales, la atenuación de ruidos de infraestructura (HVAC, ascensores) y la optimización del ambiente sonoro en zonas comunes se han convertido en elementos diferenciadores clave. Este panorama emergente exige una comprensión profunda de las dinámicas de propagación del sonido y la implementación de soluciones ingenieriles avanzadas desde las fases más tempranas del proyecto.
Además, la modelación acústica predictiva mediante software avanzado (ej. herramientas de elementos finitos y diferencias finitas) es ahora un estándar en proyectos de gran envergadura. Estas herramientas permiten simular la propagación del sonido y prever el comportamiento acústico del edificio antes de su construcción, optimizando la selección de materiales y las soluciones de diseño. La integración de materiales fonoabsorbentes en techos, muros y pavimentos, con coeficientes de absorción específicos para cada tipo de espacio (desde oficinas abiertas hasta restaurantes y áreas residenciales), es fundamental para controlar el tiempo de reverberación y mejorar la inteligibilidad o la privacidad.
Desde una perspectiva global, ciudades como Singapur y Londres, pioneras en el desarrollo vertical y de usos mixtos, han liderado la adopción de estrictos estándares acústicos, influyendo en las normativas y prácticas de mercados emergentes, incluido Chile. La tendencia apunta a la creación de ‘burbujas’ acústicas dentro de un mismo edificio, garantizando que el ruido del comercio minorista no perturbe la tranquilidad residencial, ni el tráfico rodado afecte la concentración en espacios de trabajo. Este enfoque no solo mejora la calidad de vida, sino que también protege y aumenta el valor inmobiliario a largo plazo, consolidando la acústica como una disciplina esencial en la arquitectura y construcción del siglo XXI.
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