
31/08/2025 l Arquitectura
Históricamente, nuestras ciudades, desde la clásica cuadrícula porteña hasta las expansiones de Córdoba o Rosario, han evolucionado con una lógica que combinaba pragmatismo, tendencias arquitectónicas y, a veces, pura inercia. La irrupción del Movimiento Moderno y la subsecuente verticalización de la mitad del siglo XX prometían soluciones eficientes y funcionales, pero no siempre se ponderaban las consecuencias a largo plazo sobre el bienestar colectivo. ¿Cuánta sombra proyectaría una nueva torre sobre un espacio público? ¿Cómo afectaría el nuevo tejido de un barrio la ventilación natural o el microclima urbano? Antes, estas preguntas se respondían con intuición o, en el mejor de los casos, con estudios limitados. Hoy, la tecnología nos da las gafas de rayos X para ver más allá.
La inteligencia artificial y el *machine learning* son las herramientas que decodifican el ‘pulso urbano’. Analizan patrones de movilidad a partir de datos anonimizados de celulares, cruzan información sobre uso de espacios públicos con índices de salud mental de la población, o identifican ‘puntos calientes’ urbanos generados por configuraciones edilicias específicas, proponiendo soluciones en la masa y la materialidad para mitigar el efecto. No es futurismo; es una realidad que está forzando a repensar las normativas de zonificación y los códigos de edificación en ciudades como Mendoza o Neuquén, donde el crecimiento acelerado demanda respuestas ágiles y fundamentadas.
El análisis cualitativo, enriquecido por estas herramientas, nos revela verdades contundentes: las morfologías que promueven la diversidad de usos, que integran espacios verdes accesibles y que garantizan una escala humana en su basamento, son las que consistentemente arrojan mejores indicadores de calidad de vida. No se trata de volver al pasado, sino de utilizar la potencia tecnológica para diseñar un futuro más consciente. Los arquitectos argentinos ya no solo dibujan edificios; curan algoritmos que configuran espacios para vivir mejor. El desafío ahora es democratizar el acceso a estas herramientas y que su aplicación no quede restringida a proyectos de élite, sino que impregne cada decisión urbanística, desde el plan maestro de una nueva urbanización hasta la remodelación de un frente de manzana en un barrio consolidado. El bienestar de los ciudadanos no es una variable negociable; es el resultado directo de una morfología edilicia inteligente y tecnológicamente informada.