Iniciado en 1947, el ambicioso proyecto de la Ciudad Universitaria en el cerro San Javier fue diseñado para consolidar las facultades de la Universidad Nacional de Tucumán en un espacio único. Con una planificación arquitectónica innovadora y una megaestructura de hormigón, el complejo buscaba ser un referente en América Latina, pero las obras cesaron definitivamente en 1955, dejando solo vestigios de su magnitud.

Un proyecto visionario en las alturas del cerro San Javier

La Ciudad Universitaria fue concebida para albergar entre 20.000 y 30.000 habitantes, organizando la infraestructura en dos niveles: un sector superior a 1.220 metros de altura que incluiría facultades, residencias estudiantiles, un teatro griego y un estadio con capacidad para 30.000 espectadores; y un sector inferior a 600 metros, con facultades de Medicina y Agronomía, un hospital, escuelas técnicas y más viviendas. El diseño del Instituto de Arquitectura y Urbanismo de la UNT integraba el conjunto con el entorno natural del cerro, proyectándose como uno de los emprendimientos universitarios más ambiciosos de su época.

Infraestructura y conexiones innovadoras

Para conectar ambos sectores de la ciudad, se planeó un funicular con capacidad para transportar 2.600 personas por hora, recorriendo 2.500 metros en nueve minutos por la ladera este del cerro. Además, estaba prevista la construcción de una nueva carretera que reduciría el tiempo de viaje desde San Miguel de Tucumán de una hora a tan solo 30 minutos. En materia de servicios, se proyectaron un acueducto a gravedad desde el río Anfama, un lago artificial que funcionaría como cisterna y una usina hidroeléctrica destinada a garantizar un abastecimiento eléctrico autónomo.

Paralización y legado de la megaestructura

La construcción avanzó parcialmente, alcanzando solo un tercio del bloque destinado a residencias estudiantiles, con dimensiones imponentes de 480 metros de largo, 21 metros de ancho y 30 de altura, diseñadas para alojar a 4.000 personas. Reconocida por especialistas como 'la primera megaestructura del mundo', las obras comenzaron a detenerse progresivamente desde 1949 y se paralizaron definitivamente en 1955. Actualmente, el predio alberga el Parque Sierra de San Javier, donde perduran algunas viviendas docentes y el esqueleto de hormigón que recuerda el ambicioso proyecto universitario.