La Cancha se Juega en los Códigos: Infraestructura Deportiva bajo el Escáner Legal
¡Que no nos engañen los reflectores! Detrás de la fanfarria de cada anuncio de un nuevo estadio o una villa olímpica, se esconde una trastienda legal intrincada, a menudo subestimada. En nuestra región, y Argentina no es la excepción, la infraestructura para eventos deportivos de gran escala se enfrenta a un escrutinio jurídico sin precedentes. No se trata solo de tener una ley de obra pública; se trata de adaptarla, de blindarla para proyectos que demandan plazos inflexibles, presupuestos multimillonarios y, a menudo, tecnologías de vanguardia que desafían marcos normativos preexistentes. Pensemos en los megaeventos del último lustro.
Aquí en casa, la visión de albergar citas deportivas internacionales nos obliga a revisar con lupa nuestros procesos. Según análisis internos de consultoras especializadas en derecho de la construcción, cerca del 40% de los grandes proyectos de obra pública en Argentina (incluyendo infraestructura no deportiva) han enfrentado algún tipo de litigio o renegociación contractual en los últimos cinco años, resultando en demoras que promedian el 15% del tiempo total de ejecución y sobrecostos que pueden alcanzar el 25% del presupuesto inicial. Cuando hablamos de infraestructura deportiva, donde las fechas son sacrosantas, estos márgenes son insostenibles. La clave está en anticiparse. En robustecer las etapas previas a la licitación: estudios de factibilidad técnica y económica con un componente legal fuerte, marcos de riesgos compartidos en los modelos de Alianza Público-Privada (APP), y cláusulas de resolución de controversias ágiles y vinculantes. ¿Estamos garantizando que los consorcios internacionales que desembarcan aquí entiendan y se sometan a nuestros marcos legales con la misma rigurosidad con la que lo harían en sus países de origen? ¿Nuestros organismos de control tienen las herramientas jurídicas y el personal capacitado para fiscalizar megaproyectos que mueven miles de millones? La cancha está servida, los arcos están puestos. Pero para que el juego sea limpio y exitoso, la pelota debe rodar sobre un terreno legal inobjetable. Es el momento de dejar de improvisar y de construir la base jurídica sólida que nuestra ambición deportiva merece.
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