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Hormigón al Desnudo: El Brutalismo Chileno bajo la Lupa Crítica

30/08/2025 l Arquitectura

Más allá de la nostalgia: ¿Qué implicaciones éticas y estéticas esconde la renovada fascinación por el hormigón visto en la arquitectura chilena actual?
Hormigón al Desnudo: El Brutalismo Chileno bajo la Lupa Crítica


           

El hormigón, en su desnuda y desafiante expresión, ha vuelto a reclamar su espacio en el imaginario arquitectónico chileno. Dejando atrás décadas de desprecio y asociaciones con un pasado gris y autoritario, el brutalismo experimenta hoy un peculiar renacimiento. Pero, ¿estamos realmente ante una relectura profunda y consciente de sus principios, o simplemente presenciamos una adopción superficial de su estética, despojada de la carga social y política que alguna vez lo definió? Como periodistas de *Arquitecturar*, nos toca desmenuzar esta tendencia que, si bien puede parecer vanguardista, arrastra consigo una serie de interrogantes éticos y de diseño que merecen ser examinados con lupa.

Hormigón al Desnudo: El Brutalismo Chileno bajo la Lupa Crítica


           

Este ‘brutalismo 2.0’ que vemos emerger en Santiago, Valparaíso y otras ciudades chilenas, lejos de sus raíces puristas de posguerra, a menudo se manifiesta en proyectos de mayor escala o de alto perfil, desde edificios corporativos hasta residencias exclusivas. Originalmente, el brutalismo en Chile, al igual que en muchas partes del mundo pos-II Guerra Mundial o en contextos de reconstrucción y expansión universitaria, se apoyó en el hormigón armado para lograr una honestidad estructural y una economía de recursos, priorizando la función y la monumentalidad cívica. Piensen en campus universitarios o ciertos edificios ministeriales de los 60 y 70; su materialidad era una declaración de intenciones, a menudo asociada a proyectos estatales de gran envergadura o a una modernidad que buscaba romper con el pasado ornato.

La cuestión es: ¿qué se está releyendo realmente hoy? ¿Se busca la verdad del material, su expresión estructural, o es una mera declaración de estilo que coquetea con la robustez y la frialdad sin una conexión genuina con los principios originales? Estudios recientes a nivel global, como los analizados por el *Journal of Architectural Education* o el *MIT Press*, señalan una peligrosa tendencia a la descontextualización. En Chile, observamos proyectos que, bajo la bandera de la ‘revalorización del hormigón visto’, obvian las implicaciones ambientales de su producción masiva, especialmente en un contexto de urgencia climática. El CO2 embebido en el cemento, por más estético que resulte, es un factor ético ineludible en el 2025.

Además, desde una perspectiva social, la ‘relectura’ actual rara vez se asocia con soluciones habitacionales masivas o proyectos de infraestructura pública con un fuerte componente social, como lo fue en algunos de sus momentos más idealistas. Hoy, el hormigón brutalista parece ser un lujo, una declaración de autoría o de estatus, reservado para aquellos que pueden permitirse esa estética. Esto nos obliga a preguntarnos: ¿Estamos construyendo para una élite con un gusto particular, o estamos explorando soluciones arquitectónicas que realmente beneficien a la sociedad en su conjunto, aprovechando las verdaderas ventajas del material (durabilidad, bajo mantenimiento, resistencia sísmica) pero mitigando sus desventajas éticas y ecológicas? El debate no es menor. Los arquitectos chilenos tienen la oportunidad, y la responsabilidad ética, de ir más allá del *look and feel* para indagar en la esencia del brutalismo, reinterpretándolo no solo estéticamente, sino con una conciencia global y social que resuene con los desafíos de nuestro tiempo.

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