Estructuras de Altura: Ingeniería que Desafía la Gravedad
31/08/2025 l Interés General
Un análisis pormenorizado de los sistemas portantes que definen la resiliencia y seguridad de los edificios más altos del país, desde los cimientos hasta la cúspide.
El skyline de nuestras ciudades, en constante evolución, esconde una proeza ingenieril que a menudo pasa desapercibida: la compleja trama estructural que permite a los edificios desafiar la gravedad. En la última década, Argentina ha experimentado un notable crecimiento en su desarrollo vertical, con proyectos emblemáticos que redefinen el paisaje urbano de Buenos Aires, Córdoba y Rosario. Esta expansión no solo responde a una demanda habitacional y comercial, sino que también impulsa la sofisticación en el diseño y la ejecución de estructuras portantes, un campo donde la precisión es primordial. La concepción de un edificio en altura trasciende la mera acumulación de plantas; implica la creación de un esqueleto robusto capaz de contrarrestar fuerzas dinámicas y estáticas. Fundamentalmente, una estructura vertical debe gestionar tres tipos de cargas principales: las cargas gravitatorias (peso propio del edificio, ocupantes, mobiliario), las cargas de viento (presión y succión ejercida por el aire) y las cargas sísmicas (movimientos del terreno). La mitigación de estas últimas es crítica en zonas como el oeste del país, donde la normativa sísmica se ha fortalecido significativamente post-2000, impulsando sistemas de diseño más resilientes.
Para afrontar estos desafíos, los ingenieros argentinos emplean sistemas estructurales avanzados. En el núcleo de la mayoría de los rascacielos se encuentra un ‘core’ rígido, generalmente de hormigón armado, que alberga ascensores y servicios. Este núcleo actúa como una columna vertebral, absorbiendo gran parte de las cargas laterales. Complementariamente, se utilizan pórticos de hormigón armado o acero, y muros de corte estratégicamente ubicados para distribuir las tensiones. Las fundaciones profundas, como pilotes o pantallas, son indispensables para transferir las enormes cargas a estratos de suelo competentes, especialmente en suelos aluviales característicos de grandes urbes como Buenos Aires. Según informes sectoriales recientes, cerca del 70% de los proyectos de más de 15 pisos iniciados en Argentina entre 2020 y 2024 han incorporado análisis CFD (Computational Fluid Dynamics) para optimizar el comportamiento aerodinámico y reducir las vibraciones inducidas por el viento. Asimismo, la implementación de modelos BIM (Building Information Modeling) en la fase de diseño estructural ha crecido un 45% en los últimos cinco años, mejorando la coordinación y la eficiencia en obra, lo que se traduce en mayor seguridad y durabilidad. La tendencia es clara: la evolución de nuestras estructuras verticales no es solo una cuestión de altura, sino de inteligencia ingenieril aplicada a la resiliencia urbana.