
31/08/2025 l Arquitectura
Este redescubrimiento no es solo una moda; es una necesidad. A nivel global, la búsqueda de autenticidad en el diseño se cruza con la urgencia de construir de manera más consciente. Y en Argentina, donde tenemos una paleta de paisajes y microclimas tan diversa como nuestra gente, esta dualidad es particularmente potente. ¿Cómo se ve esto en la práctica? Pensemos en la revalorización del patio central, no solo como un elemento estético colonial, sino como un pulmón térmico y lumínico en climas cálidos y templados. O en el regreso a materiales locales –tierra cruda, piedra patagónica, maderas nativas– que no solo bajan la huella de carbono, sino que conectan intrínsecamente el edificio con su entorno, dándole un carácter único y genuino. Ya no se trata solo de ‘diseñar lindo’, sino de ‘diseñar con sentido de pertenencia y responsabilidad climática’. Y esta es la posta para el futuro de nuestro oficio.
Por otro lado, en la zona Central y Litoral, donde la humedad y las altas temperaturas estivales son protagonistas, vemos propuestas que privilegian la ventilación cruzada, el uso de parasoles y pieles permeables, y la integración de elementos vegetales para refrescar el ambiente. Estos enfoques, aunque distintos, comparten una base: un estudio riguroso de los datos climáticos y un entendimiento de las necesidades de los usuarios, que se traduce en un ahorro energético considerable y un mayor confort interior. Esta visión holística está resonando más allá de nuestras fronteras; estudios recientes demuestran que muchas de nuestras soluciones adaptativas son observadas con interés en otras latitudes con desafíos similares. El impacto a futuro es claro: estamos sentando las bases para ciudades y edificaciones más resilientes, energéticamente eficientes y, fundamentalmente, que se sienten ‘nuestras’, que nos representan. Es una dirección productiva que promete edificios que no solo se adapten al clima, sino que cuenten la historia de su lugar con cada detalle.