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Cimientos Bajo Amenaza: El Inquietante Futuro de la Ingeniería Sísmica

31/08/2025 l Tendencias

Un análisis crítico sobre la brecha entre la normativa actual, las soluciones emergentes y la creciente complejidad de los desafíos telúricos globales a largo plazo.
Cimientos Bajo Amenaza: El Inquietante Futuro de la Ingeniería Sísmica


           

La persistencia de la corteza terrestre en su constante reacomodamiento geológico nos recuerda, con cada temblor, la fragilidad inherente a nuestras construcciones. En el año 2025, mientras la metrópolis argentina se expande y los edificios se alzan con audacia, la cuestión de la resiliencia sísmica deja de ser una mera obligación técnica para convertirse en un desafío existencial. Desde la redacción de Arquitecturar, nos proponemos indagar si las normativas vigentes y las soluciones que hoy consideramos vanguardia serán realmente suficientes para salvaguardar nuestras ciudades ante los eventos telúricos que, lejos de amainar, se proyectan con una complejidad creciente en el horizonte.

Aunque países como Chile, Japón o Nueva Zelanda son a menudo citados como paradigmas en ingeniería sísmica, sus protocolos y tecnologías, altamente especializados, no han sido inmunes a las devastadoras lecciones de la naturaleza. Los eventos sísmicos recientes en diversas latitudes, como el trágico sismo de Turquía y Siria en 2023, demostraron que incluso con regulaciones teóricamente robustas, la brecha entre el diseño en papel y la realidad constructiva, sumada a la antigüedad de ciertas infraestructuras y la deficiente fiscalización, puede resultar fatal. Este escenario global nos obliga a mirar con lupa la situación en Argentina, donde zonas de alta sismicidad como Mendoza o San Juan se erigen sobre una base geológica activa. Las normativas nacionales, como el Código Argentino de Diseño Sísmico (CIRSOC), han evolucionado, buscando incorporar lecciones aprendidas y tecnologías emergentes. Sin embargo, la pregunta fundamental persiste: ¿Estamos construyendo para el sismo que ya ocurrió, o estamos anticipando el que aún no llega?

Cimientos Bajo Amenaza: El Inquietante Futuro de la Ingeniería Sísmica


           

La proyección a largo plazo de los riesgos sísmicos introduce variables que exigen una profunda reflexión. El aumento de la densidad urbana en áreas vulnerables, el envejecimiento de infraestructuras críticas que no fueron concebidas bajo estándares actuales y el posible impacto de fenómenos adyacentes como el cambio climático en la geodinámica terrestre son factores que complican el panorama. Aunque la ciencia aún debate la relación directa entre el clima y la sismicidad, no podemos descartar efectos indirectos sobre la carga de glaciares o los niveles de agua subterránea, que podrían influir en la estabilidad de las placas. Aquí es donde soluciones de vanguardia como los aisladores sísmicos de base, los disipadores de energía o los sistemas de monitoreo estructural en tiempo real cobran relevancia, prometiendo una adaptabilidad y una resiliencia superior a los métodos tradicionales. No obstante, la adopción masiva de estas tecnologías enfrenta barreras significativas, desde sus costos elevados y la necesidad de mano de obra altamente especializada, hasta la reticencia del sector constructor a migrar de prácticas arraigadas.

El desafío para la Argentina y para la comunidad global no es solo mejorar las normas, sino también asegurar su aplicación rigurosa y su constante actualización. Es fundamental cuestionar si la fiscalización es suficiente, si la capacitación profesional está al día con las últimas innovaciones y si la inversión pública y privada está realmente alineada con una visión de futuro a largo plazo. Más allá de la norma prescriptiva, se impone una filosofía de diseño basada en el rendimiento y la anticipación, que contemple escenarios extremos y la interacción compleja entre el edificio y su entorno. En un futuro no tan distante, la verdadera ‘solución’ sísmica no residirá únicamente en la resistencia del hormigón o el acero, sino en la capacidad de nuestras sociedades para adaptarse, aprender y, sobre todo, para dudar críticamente de que lo que funciona hoy, será suficiente para el ineludible mañana sísmico.

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